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PACINA Y TUNIA: CONOCIENDO LA TOSCANA MÁS NATURAL

Llevados por nuestra pasión por el vino auténtico, la ruta que nos hemos marcado en esta ocasión nos ha llevado a la Toscana, una de las más importantes regiones italianas por su patrimonio artístico, histórico, económico y cultural. Florencia, una de las ciudades más bellas del mundo y polo de atracción del turismo internacional, es su centro administrativo, económico y cultural. Cuando en la Toscana se habla de “cultura” no sólo se refieren a la arquitectura, pintura o escultura, sino también al vino. Porque el producto de la vid es cultura, como las obras de Dante Alighieri, Boccaccio o Brunelleschi. El vino es, en definitiva, patrimonio cultural.

El vino más famoso de la Toscana, y el más conocido internacionalmente, es el Chianti, pero también destacan las producciones enológicas de las zonas costeras así como los siempre notables tintos y blancos de Arezzo. Entre los demás vinos de la Toscana, están el Carmignano, uno de los más antiguos; la Vernaccia di San Gimignano; el Pitigliano; el Montescudaio y el Vin Santo.

Son un total de 34 DOC (Denominaciones de Origen Controladas) y numerosas IGT (Indicaciones Geográficas Típicas) las que componen la Toscana. En el mundo del vino “convencional”, el que se elabora bajo parámetros industrializados y con sulfurosos añadidos, se encuentran los “Supertuscany”, internacionalmente valorados en el mundo de la restauración, pero que nada tienen que ver con nuestra ruta enológica, que ha transcurrido por dos casas de gran importancia en lo que refiere a agricultura natural, sostenibilidad y buen hacer, características que a la gente de Vella Terra nos llegan al corazón.

Chianti Vella Terra

Viajamos al centro de Italia en busca de dos realidades muy distintas y singulares (al margen de todo imperativo industrial o comercial) aunque bajo un mismo denominador común: la excelencia en los vinos de Pacina y Tunia.

El viaje a la Toscana nos hizo conocer dos proyectos muy diferentes pero que, a la vez, comparten un mismo espíritu y una gran sensibilidad hacia la naturaleza. Definirlos simplemente como “bodegas de vino” al uso es quedarse corto. Estas dos realidades transmiten el sentido de familia, amistad y sacrificio común con el mismo objetivo: trabajar por y para la naturaleza, consiguiendo un producto final que identifique su territorio.

En unos pocos días de viaje fue difícil profundizar en pormenores técnicos sobre su práctica de la agricultura y sus vinificaciones, pero lo que jamás olvidaremos será la hospitalidad y la hermosísima tradición oral italiana para explicarnos estas experiencias vinícolas tan auténticas.

En Pacina (nos gusta visitar a los artesanos en su lugar de origen), comprobamos una vez más, por si todavía a alguien le queda alguna duda sobre ello, que si el vino proviene de una tierra sana, de un entorno equilibrado y dinámico, y es tratado con sabiduría en la vinificación y perfectamente preservado, no es necesario estabilizarlo o sulfitarlo en ningún momento de su crianza. Bebimos con Stefano y Giovanna diferentes vinos y añadas, la más antigua de ellas un Sangiovese de 1987 que todavía conservaba todo su esplendor, que estaba en su momento de maduración ideal y que tiene que transmitir mucho todavía. Blancos, rosados, tintos, dulces… todos con la misma filosofía y con una sensación de vida vibrante en el interior de sus botellas. Pacina resume a la perfección la esencia del Chianti: mirando sus viñas y la naturaleza colindante, pisando esa tierra, nos parece estar escuchando gritos de libertad frente a los campos sobreexplotados por la industria y el comercio de sus alrededores.

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Pacina es Familia, vino, aceite, huerto y hospitalidad: una de las mejores granjas orgánicas de Italia, situada en la zona de Chianti donde también funciona un agriturismo donde se puede desconectar y pasar unos días de ensueño entre viñedos y naturaleza viva.

La casa de Giovanna y Stefano es un convento construido en el siglo X, con una larga y rica historia. Sus posesiones incluyen 10 ha de viña y otras 12 de huerta, el suelo rico en arcilla y arena, que sostiene olivares, árboles frutales, cereales y bosque. Todo se cultiva respetando el suelo: los campos son alternativamente cultivados y dejados en barbecho para mantener la riqueza y diversidad de los ecosistemas naturales y la flora y fauna que los pueblan.

No se utiliza ninguna tecnología en la vinificación, los vinos se producen con la misma autenticidad desde hace décadas, no hay control de temperatura, filtraciones ni clarificaciones. Los cambios, sin embargo, sí se han producido en la viña, donde Stefano ha plantado viñedos utilizando clones y esquejes injertados en el vivero, consiguiendo de este modo vides resistentes a la enfermedad y cosechas más abundantes. Desde la llegada de Stefano, no se ha utilizado en ningún vino SO2 añadido.

Lo que encontramos aquí es un puro Sangiovese, producido justo en la frontera de Chianti Classico -están en Chianti Colli Senesi, en el pueblo de Castelnuovo Berardenga. Esta finca puede ser considerada como la pionera de la agricultura biológica en la Toscana. Stefano y Giovanna elaboran unos vinos fuera de lo común y han estado cultivando y trabajando de forma natural y orgánica durante generaciones. Nos fue difícil proseguir nuestro camino. Pacina es un paraíso para quienes aman la naturaleza.
Entre los vinos de Pacina podemos encontrar 9 vinos de los que destacan: Il Secondo di Pacina, (Sangiovese,Cannaiolo/Ciliegiolo,Trebbiano). La Malena (Syrah). La Cerretina (Trebbiano Toscano, Malvasia del Chianti). Pachna (Hecho solo en las mejores añadas de Sangiovese) y un vino dulce llamado La Sorpresa (Trebbiano Toscano.Malvasia del Chianti)

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Nos pusimos en marcha para conocer Tunia y comprobamos, de primera mano, que un futuro mejor puede existir. Chiara y Francesca personifican la técnica y la perseverancia, la naturaleza y la libertad creativa en todo su esplendor: es un proyecto joven pero con ideas muy claras y rotundas. Nos entusiasmamos al ver cómo consiguen semejante calidad estando obligadas a vinificar en un espacio distante de su viñedo y les aseguramos que cuando consigan montar la bodega cerca de sus tierras, y crear así un dinamismo entre agricultura y vinificación, serán sin duda alguna una de las bodegas de referencia del norte de la Toscana. Uno de los campos mas verdes y vivos que hemos visto por la zona y un trabajo de restauración de viña impecable.

Tunia fue fundada en 2008 gracias al entusiasmo de tres amigos amantes de su tierra y del vino: Chiara Innocenti y los hermanos Francesca y Andrea Di Benedetto. Francesca es bióloga y enóloga, por ello aporta todo su conocimiento en la viña y en la producción del vino; Chiara y Andrea son empresarios y agricultores con sueños y proyectos respetuosos con el medio ambiente. Los tres hacen de Tunia una bodega única.

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Está ubicada en la zona de la Val di Chiana, en la provincia de Arezzo, colindante con el castillo de Dorna, un complejo lombardo que produce vinos desde los albores de la humanidad. Ahí es donde Francesca, su hermano, Andrea, y Chiara trabajan con pasión 25 ha, de las cuales 15 son de viñedos, 3,5 de olivares y 4 no están actualmente cultivadas para garantizar una sana biodiversidad en su entorno.

Tunia produce los siguientes vinos: Sottofondo, un espléndido blanco espumoso. Chiarofiore, mezcla de Trebbiano y Vermentino, el Chiarofiore. Es un orange wine, un blanco hecho en contacto con las pieles de las uvas, la del Trebbiano como protagonista y una pequeña parte de Vermentino. Es el resultado de cuatro diferentes vendimias, la primera a principio de setiembre (para aprovechar la acidez del Trebbiano todavía no maduro) y la ultima para añadir en el blend una pequeña parte de uva madurada buscando aquella botritis que tanto le hace ganar en complejidad. Las cuatro partes vienen vinificadas separadamente, el vino se cria en acero durante 12 meses y luego en botella por otros 6 meses.
Todavía no muy conocido el Chiarofiore sorprende y no engaña.

Su clásico Chiaroscuro, rosado, Cabernet Sauvignon y Chiassobuio Tinto de tres uvas, Sangiovese, Colorino y Canaiolo. Además, elaboran un Vin Santo, grappa de Vin Santo y aceite de oliva extra virgen. La variedad de la producción refleja su apuesta por la innovación. Los elementos disponibles son las características de los viñedos históricos y el territorio, la experiencia previa en el campo del vino blanco y el deseo de experimentar.

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Producen vinos que son un fiel reflejo de la tierra, desde el primer momento han trabajado en ecológico y, en bodega, siempre defendieron las fermentaciones espontáneas sin filtraciones ni clarificaciones. Desde sus inicios, la producción de Tunia se realiza con métodos de agricultura ecológica y desde el 2013 poseen dicho certificado; su propiedad está rodeada de bosques y un arroyo, fresco y limpio, el Chiassobuio que fluye al lado de la finca de Tunia y que dio nombre a su primer vino autoctono, aromático y fresco a la vez, donde se reconoce la ‘’Toscanidad’’, con notas de cereza y violeta, hierbas aromáticas y humus, en un bouquet fino y elegante, lejano de los Sangioveses toscanos cargados de aromas y madera tostada que a menudo cansan al paladar.

Al contrario Chiassobuio esta lleno de vida, vibrante, con taninos finos y delicados, de grande bevibilidad.

En cuanto a variedades, predominan los viejos viñedos de Sangiovese (6,3 ha), Trebbiano (4,8 ha) y Vermentino (4,5 ha), plantados en 1970, pero también hay otros más nuevos, como el de Cabernet Sauvignon (3,8 ha), de 2005.

Sustituyeron los hilos de plástico para atar las vides por otros de cartón biodegradable, porque lo primordial para Tunia es la conservación de un patrimonio natural que no tiene precio.

El nombre de Tunia proviene del dios que presidía la maduración de la fruta, de ahí que nunca un nombre estuvo tan cargado de buenos auspicios para una bodega y ¡un viaje a la Toscana tan lleno de buenas personas que hacen buen vino.

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