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“NO ES MALA HIERBA”

Apostemos por una agricultura integrativa natural y ecológica. El verde que tiñe nuestros campos no es mala hierba.

Guiada por los hábitos de consumo y por su evolución, la agricultura fue pasando por distintos procesos: de la clasificación de las mejores semillas para multiplicar la cosecha, pasando por la llegada de la maquinaria en la revolución industrial hasta, ya en la modernidad, la introducción de métodos (químicos), en teoría más eficaces y cómodos, con el fin de reducir costes y, en parte, la mano de obra artesana. Y así, resumiéndolo mucho, se creó lo que hoy conocemos como “agricultura convencional”, la cual explota el suelo, las plantas y los animales con el fin de obtener un provecho inmediato, sin preocuparse demasiado por la fertilidad del suelo, la salud de las personas y las consecuencias a largo plazo. Se trata de un sistema de producción que se basa en el alto consumo de insumos externos, como abonos químicos, sintéticos, pesticidas y herbicidas, y que no tiene en cuenta el medio ambiente, la biodiversidad, los ciclos naturales o el uso racional y sostenible de los recursos naturales.

En la actualidad la UE ha prohibido tres principios activos en plaguicidas comercializados por Bayer y Syngenta: clotianidina, tiametoxam e imidacloprid. Estos químicos afectan al sistema nervioso de insectos polinizadores causándoles la muerte, aunque aseguran no ser dañinos para la salud humana.

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Como ya hemos comentado, actualmente se emplean en agricultura convencional sustancias químicas “permitidas”, pero que nos preocupan, porque estos productos de síntesis producen cambios importantes en el equilibrio mineral y vitamínico de los alimentos.

Las verduras provenientes de la agricultura convencional en la tienen en la actualidad una composición muy diferente a las de antaño. Contienen muchísimo menos sodio, la mitad de magnesio, son escasas en cobre y abundantes en potasio. Es decir, las verduras de hoy en día contienen más agua y menos extracto seco o, como dirían nuestras abuelas, “más agua y menos chicha”. Esto ya nos va gustando cada vez menos…

En cambio, la agricultura natural -la de toda la vida-, o las ramas de la biodinámica consideran las plantas como lo que son, seres vivos que obedecen a leyes más complejas que las de la química, las leyes de la vida, y consideran el suelo como un medio vivo, donde hay que desarrollar ante todo una actividad biológica con una fertilización a base de productos naturales y excluyendo todo producto químico o, en su defecto, empleando una mínima cantidad de éstos. Experimentan, comparten enseñanzas y mantienen sus cultivos sanos para que las plantas obtengan el alimento que les conviene, sin emplear abonos químicos.

El agricultor natural -o el biodinámico- emplea, además, variedades de plantas y especies adaptadas al medio ambiente en el que viven. Las plantas así cultivadas son vigorosas y capaces de resistir solas a la mayoría de los parásitos. En ocasiones, utilizan bioplaguicidas, que no son más que bacterias, hongos y otras plantas, que permiten reorientar estrategias para proteger los cultivos. En cuanto a los herbicidas, utilizan acolchados de paja y, en muchos casos, mantienen un manto vegetal de hierbas que previenen la aparición de otras variedades parásitas.

Cualquiera pensaría que la foto de más abajo responde a un cultivo descuidado, lleno de malas hierbas, pero así es como los agricultores naturales cuidan sus cultivos y como debería lucir un huerto sano y vigoroso, capaz de ofrecer frutos llenos de vida, transmitiendo todos los nutrientes de la tierra de la que nacieron.

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Pero más allá de todos los químicos que se pueden utilizar en la agricultura convencional, en este post nos centraremos en los herbicidas, que son esos productos que borran de los cultivos todo manto natural, haciendo estragos en la biodiversidad, y que nos muestran un terreno de cultivo sin hierbas, casi como un cuadro devastador que hace encoger el corazón de quienes amamos la naturaleza.

Los herbicidas más usados son el glifosato, los arseniatos y las dioxinas, Estos herbicidas actúan también sobre los tejidos animales, por contacto directo o indirecto, produciendo serios problemas en la salud de éstos. También puede tener un impacto en plantas que no han sido tratadas directamente, pudiendo conducir a una pérdida de especies silvestres o reduciendo la diversidad y cantidad de éstas, y puede afectar a seres vivos cruciales para la agricultura y el ecosistema, como son los las abejas y otros insectos polinizadores, puesto que igualmente resultan contaminados, disminuyendo la diversidad y la oferta de alimento.

Además, su uso masivo provoca que las “malas hierbas” se vuelvan más resistentes y sean mucho más difíciles de erradicar, ampliando el uso de sustancias químicas (se acaban utilizando otras sustancias e incluso se mezclan varias).

En las viñas esto no es una excepción y aquí en la siguiente foto podemos distinguir claramente el efecto de los herbicidas en un cultivo y la diferencia con los cultivos de al lado (no tratados con herbicidas). Un ejemplo perfecto de cómo se mata el suelo.

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En la agricultura natural, mantener un manto vegetal es fundamental para conseguir que la tierra esté equilibrada y sobre todo viva, rica en humus y en microorganismos autóctonos. Otro factor importante es la retención hídrica, así la tierra está húmeda en climas secos y los cultivos en climatologías adversas, protegidos térmicamente. Además, una variada cubierta vegetal mejora la dinámica del suelo, su estructura, y, por tanto, favorece los procesos biológicos que en ellos se dan, indispensables para el mantenimiento de la fertilidad del suelo: la aparición de insectos y pequeños animales que ayudan al agricultor a regular de forma natural las plagas que, como ya dijimos, en la agricultura convencional, para ahorrar en tiempo, en mano de obra y en cantidad de cosecha, se deben extinguir con químicos. En la siguiente foto se muestra claramente un manto vegetal en una viña biodinámica.

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El trabajo de un agricultor/viñerón que se vuelca en la agricultura natural y quiere obtener productos “naturales” comienza desde su cultivo, cuidando su tierra y obteniendo un fruto sano, y continúa en todo el proceso de elaboración: en Vella Terra, defendemos y valoramos el trabajo tanto de los agricultores que desde siempre trabajan con la agricultura natural en sus viñas como también el de las jóvenes generaciones que adquieren viñas trabajadas con agricultura convencional y hacen un espléndido trabajo de restauración y buenos cuidados para despertar la vida en ellas. Asímismo, apoyamos a todos los agricultores que cada año se van formando e informando sobre una agricultura más amiga del medio ambiente y deciden dar el paso, no solo en el cuidado de sus campos, sino también en la elaboración de un producto final con ninguna o las mínimas intervenciones químicas.

Ésta es una alternativa de agricultura sin químicos o que al menos los utiliza en la mínima cantidad posible y los compagina con opciones naturales, hasta llegar a la ausencia total de químicos, porque estamos viendo que no es mala hierba la que crece por nuestros campos.

En la foto que os mostramos a continuación se ve claramente otro ejemplo de lo que os venimos exponiendo, donde podemos distinguir la triste línea divisoria entre una viña viva y otra viña tratada con herbicidas y otros productos químicos.

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¿Queremos realmente acumular sustancias químicas en nuestro organismo? ¿Podemos seguir impasibles cuando se extingue la biodiversidad de la tierra ya sea por la forma de consumir o de cultivar alimentos?

Después de formularnos estas preguntas, deberíamos desarrollar unos hábitos de trabajo y consumo, ya seamos agricultores o consumidores, en los que el objetivo final sea una producción sana en todos los sentidos. Los consumidores debemos tener en cuenta y valorar productos procedentes de formas de producción naturales.

Muchos opinan que sin estos químicos no se podría producir para toda la población mundial, pero creo que nos están tomando por tontos con semejantes afirmaciones. El hambre -otro discurso muy complejo- existe en el mundo por la avaricia, las malas políticas, las pésimas prácticas medioambientales que provocan desertificación y muchos otros motivos que no vienen a cuento, pero en ningún caso por usar plaguicidas/herbicidas hay comida para todos. Con el uso y abuso de químicos hay producción para los productores que sólo están interesados en el beneficio económico de la venta que genera la producción en masa.

Como consumidores, quizás la solución es cambiar de opinión sobre cómo vemos la naturaleza y elaborar un plan de guerrilla en nuestras despensas y en los supermercados, porque nosotros somos los que compramos y consumimos. Deberíamos adaptarnos al producto de temporada y al de cercanía, y no hacer que el producto se adapte a nuestra línea de consumo. En síntesis, cambiar los alimentos que vienen de una agricultura industrializada y serializada por productos naturales, que a lo mejor son un poco más caros, un poco más raros/feos a la vista y no están disponibles siempre que los necesitamos, pero que definitivamente son más saludables y respetuosos con el medio ambiente: así ganarán la tierra y nuestra salud.

Hay que romper con el estereotipo de la publicidad comercial, donde todos los productos de una misma caja son idénticos. Eso nos debería oler a “rancio”: ver clones de clones de zanahorias, tomates, nabos y otras verduras… O campos totalmente arados o viñas limpias y sin hierba, o el vino cristalino, impoluto y sin la mínima imperfección. Deberíamos observar la naturaleza y entender que nada es exactamente igual en ella y nada es totalmente perfecto. Esa es la señal de un origen natural.

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