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CASÈ

Alberto Anguissola comenzó a experimentar la elaboración de vino hace más de 20 años. Con sus propias palabras nos lo explica: “Imagínese una luz suave de la tarde. Después de un paseo a lo largo del camino hacia abajo desde el bosque, voy a casa y en la mesa me espera una magnífica botella de vino tinto. Me sirvo un vaso: no tengo prisa para saborear el fruto líquido de un “know-how” que ha sido transmitido de generación en generación.

Recuerdo vagamente los conceptos aprendidos en el curso de cata en la gran ciudad, en un tiempo y un lugar que ahora parecen años luz de distancia. Saborea un trago generoso. Inmediatamente, siento la calidez del alcohol: pienso en que un simple vaso de vino es el resultado de infinitas variables: el clima, el suelo, la variedad de uva, la edad de las plantas, la exposición, el calendario de los trabajos en el viñedo, el modo de compresión, el envejecimiento y mucho más, y me doy cuenta de que el placer que siento lo he logrado por factores culturales y históricos de mi trabajo concentrados ahoar en esta botella.

La producción industrial del vino, que se ha consolidado en los últimos decenios, puede contar con una cincuentena de aditivos químicos autorizados y múltiples procedimientos invasivos físicos (por ejemplo, filtros de flujo cruzado o “pasteurización rápida”) para lograr prácticamente cualquier resultado de cualquier uva en cualquier parte del mundo. Todo esto tiene consecuencias importantes. En primer lugar, el vino producido de esta manera, o más bien construido, ha perdido todo vínculo con el territorio de origen y la tradición del vino local. La capacidad de manipular el vino a creado con el tiempo un producto aplanado en unos gustos dominantes que no desagradan a nadie y que se reproducen año tras año, que influyen en el sabor del consumidor medio, que ya no es capaz de apreciar más sabores. A su vez, el sabor promedio de la influencia pública de la industria del vino, que debe vender cientos de millones de botellas al año y no puede permitirse sorpresas. El resultado final de este círculo vicioso es un vino cada vez más estandarizado e insignificante. Por último, ¿estamos absolutamente seguros de que esta abundancia de aditivos y productos químicos, que se utiliza tanto para el cultivo de uvas como para la manipulación de vino, es bueno para nuestra salud?

Si tiene un vaso de vino en la mano y se pregunta: ¿todo esto tiene sentido? Si su respuesta es no, entonces puede empezar a profundizar en el descubrimiento de los vinos naturales”

www.naturallywine.com